9/7/10

Que conteste el pulpo

El dueño del pulpo alemán ese que predice y acierta desenlaces del Mundial se puede hacer de oro. Si el tipo decide alquilarlo para trabajitos extra, le van a faltar horas para poder atender toda la demanda, que por ahí hay mucho bobo de Coria. Los tarotistas, pitonisas/os y demás personajes populares de la farándula televisiva y la adivinación ya empiezan a temblar. El negocio se les va a pique. Les ha salido un competidor de órdago. Donde esté un buen pulpo, que se quiten aramises, lolas, aceves y rappeles.
No existe constancia de que Manolo Llorente haya tratado de conseguir los servicios del cefalópodo alemán, como tampoco de que no lo haya intentado. Pero quizá sería interesante que alguien predijera el futuro del Valencia CF SAD para que los aficionados pudieran hacerse una idea de lo que les espera esta temporada.
Aunque podría hacerse, ahora mismo no es cuestión de poner peros a lo deportivo porque se haya traspasado a Villa y Silva. En la otra parte de la balanza aparecen nuevas incorporaciones para compensar, y el tiempo dirá si en calidad o en qué.
Pero si el Valencia pudiera tener delante al Paul adivino... Estaría bien preguntarle si alguien va a hablar clarinete de las cifras de la sociedad y de los sueldos de los ejecutivos; consultarle si habrá más que luz y taquígrafos en el asunto de los traspasos; si se venderá o no las parcelas del viejo Mestalla, e incluso se le podría plantear si estaría en condiciones de establecer una fecha, aunque fuera aproximada, de cuándo se reanudarán las obras del nuevo estadio.
Sé de algunos que delante de ese octópodo teutón se transformarían en Perry Mason, aquel abogado de las novelas de Stanley Gardner que con sus preguntas era capaz de sacar de quicio al más astuto y hermético de los villanos. Puestos a más averiguaciones, le pediría que desvelara en qué situación se encuentra la permuta de los terrenos con el Ayuntamiento y que dijera quién manda en la Fundación. ¡Huy! Me parece que con lo del pulpo me he venido demasiado arriba.
119. (Las Provincias, 9 de julio de 2010)

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