21/11/09

El sueño de Morfeo

Los expertos aseguran que tanto dormir mucho como poco es malo para la salud y que se pueden desarrollar enfermedades cardiovasculares. Cada persona tiene su patrón de sueño, pero los expertos afirman que se debe dormir lo justo y que el periodo ideal oscila entre las siete y las ocho horas.
Miguel Brito está en ello. Lo sabe de carrerilla. Como si se tratara de la tabla del siete. El defensa portugués del Valencia necesita dormir suficientes horas para cumplir con su trabajo. Por eso no debe de extrañarle a nadie que si trasnocha, luego se le peguen las sábanas y llegue tarde a una cita; como la que tenía ayer en Mestalla a las 9.30 para la foto oficial y el posterior entrenamiento.
¡Vaya papelón! Todos esperándole hasta la diez... Miguel se había quedado en brazos, pongamos que de Morfeo. Tenía que descansar las horas pertinentes porque el jueves al anochecer regresó de la convocatoria con la selección de Portugal y tras la cena, pasó lo que pasó. Te pones a hablar con unos y otros y la cosa se lía. Miguel permaneció en un pub de La Alameda bastante más tiempo de lo que duran dos peces de hielo en el güisqui on the rock's. Y siguiendo con el poeta Sabina, pues eso, que te pueden dar la una, las dos, las tres, las cuatro...
El despiste de Miguel fue tal que el club ha tenido que echar mano del photoshop para arreglar el desaguisado en la foto oficial, porque ni el traje que le tuvieron que prestar era de su talla ni la corbata del color naranja oficial.
La irritación del presidente Manuel Llorente no pasó desapercibida. Ni la de Unai Emery tampoco, claro. El entrenador ha propuesto una dura sanción económica. Su indignación no tenía nada que ver con la que evidenció en las dos ocasiones anteriores. Porque Miguel es reincidente. Mientras Miguel se ha dormido en los laureles, Llorente, en un duermevela continuo, entorna los ojos hacia el futuro. El Valencia está obligado a hacer caja y el luso tiene un pie fuera. Al menos fuera del tiesto.

(Las Provincias, 21 de noviembre de 2009)

20/11/09

Recorte de prensa

18/11/09

El ayer y el hoy

Recuerdo que en lógica estudiábamos aquello de los silogismos categóricos. Una deducción a partir de dos premisas en la que tanto éstas como la conclusión resultan proposiciones categóricas.
Digo yo que ahora el ejemplo aristotélico sería algo así: «Un club con una buena gestión económica escapa de la crisis financiera; el Valencia está atrapado por la crisis. Por lo tanto, el Valencia no es un club que haya estado bien gestionado».
Después del fiasco de Vicente Soriano y Dalport, llamados a convertirse en salvadores del Titanic que Juan Soler había conducido directo hacia el iceberg del caos, tuvieron que aparecer la Generalitat y Bancaja para colocar a Manuel Llorente al frente de la nave, que aún sigue en riesgo de zozobrar.
El presente del Valencia tiene un guión muy parecido al de hace unos años, cuando a finales de los ochenta Arturo Tuzón y su equipo aterrizó en Mestalla para sacar adelante un club a la deriva, tras una etapa de deterioro continuado.
Aquel consejo afrontó el reto con el equipo en Segunda, sin estrellas que traspasar y una deuda próxima a los 2.000 millones de las antiguas pesetas. «El Valencia será lo que su afición quiera», fue el lema del presidente, que encabezó una eficaz gestión económica arropado por el maná que llovió de las quinielas, la televisión y, en forma de plan de saneamiento, del Gobierno.
Llorente y su equipo se encuentran en la cresta de la ola de una tormenta perfecta. La deuda supera los 550 millones de euros y no ha desaparecido el peligro de que el club entre en causa de disolución. Aunque este consejo también cuenta con el respaldo del aficionado, no le va a llover ningún alimento bíblico en forma de euros, salvo el de la obligada venta de activos.
Es lo que va de ayer a hoy. En aquellos ochenta el Valencia remontó el vuelo con los Sempere, Quique, Voro, Arias, Giner, Fernando, Arroyo, Subirats... y el presente dice que la historia lleva camino de repetirse. Habrá que mirar hacia la cantera. ¿O hay otra?

(Las Provincias, 18 de noviembre de 2009)

17/11/09

¡Que la chupen!

(Valencia Fruits, nº 2423, 17 de noviembre de 2009)

16/11/09

La torre de Babel

La construcción mítica que detalla el Génesis toma el nombre del verbo hebreo balál, que significa confundir y algo así debe haberle sucedido a la imaginaria torre del Valencia, de Mestalla, que no tiene nombre ni hay que buscarle etimología. Un hipotético baluarte que produce tal desconcierto que está en el camino de convertirse en el principio del fin de la ilusión de quienes veían la primera piedra para alcanzar un esplendoroso futuro.
Sin necesidad de pasar por la junta general del Valencia, a la vista está que en el camino de la imaginaria torre no aparecen brotes verdes y que el desenlace no puede ser otro que la reparcelación del solar donde se alza en viejo recinto para que Juan Soler complete los setenta y pico millones que debería abonar, o la devolución al ex presidente de los algo más de trece millones que adelantó para esa compra.
Con la torre de Babel los hombres anhelaban alcanzar la gloria. Tocar el cielo. Pero Yahveh obstaculizó el atrevimiento y frenó todos los planes. Hizo que los constructores hablaran diferentes lenguas y provocó la confusión y el caos porque los obreros no podían entenderse entre si. En el caso de la imaginaria torre de Mestalla, el Todopoderoso se disfrazó de burbuja inmobiliaria para moderar y poner bridas a las ínfulas de un presidente que, rodeado de ineptos, mequetrefes y cantamañanas, no iba a dejar en el club más huella que la de la frustración. En los aficionados y propia, porque le ha costado dinero del bolsillo (o del de su padre) y, además, cuando llegó el único momento de sonrisa (obsérvese que no digo de alegría), la Copa del Rey, él ya había echado la toalla y a orillas del Manzanares, en el sillón, estuvo sentado su amigo Agustín, que fue quien disfrutó del minuto de gloria.
En el Valencia están muy inquietos. No es para menos, porque aparte de que el cinturón ya no tiene espacio para más agujeros, en el horizonte hay señales de humo que aluden a que la firma por la que Soler adquirió la torre tiene mal color y podría entrar en proceso concursal.

(Las Provincias, 16 de noviembre de 2009)

15/11/09

Juan Mara

(Las Provincias, 15 de noviembre de 2009)

14/11/09

El fin del mundo

Si lo del calendario maya es cierto, la junta general que hoy celebrará el Valencia nos debe importar tres cominos. Una profecía de esa ancestral cultura asegura que el mundo se acabará en 2012, y como la justicia aquí va tan lenta, a nadie le debería inquietar una deuda como la que tiene el club de Mestalla.
Pero me da en la nariz que lo de los mayas no es más que publicidad por la película de Roland Emmerich, y que en tiempos de crisis adquieren mayor protagonismo las predicciones apocalípticas.
Hoy el Valencia no puede andarse con medias tintas. Sus gestores han de pronunciarse con la máxima transparencia. No es necesario ponerse chistera de mago ni sacar la bola de cristal para saber que en la junta general el consejo de Llorente sacará a pasear el rodillo de la Fundación, que Piles le dará un tirón de orejas a los que hasta hace muy poco fueron sus compañeros de viaje, y que desde ese sector habrá algún reproche a Javier Gómez, porque fue quien elaboró el presupuesto de los ahora criticados.
Lo primero es lógico. Lo segundo, sobra. Y lo de Gómez... Nada nuevo bajo el sol. A lo largo de la historia del Valencia los responsables de la economía del club han tenido que envainársela en repetidas oportunidades. No hay más que repasar las actas de la sociedad para encontrar votos en contra de determinadas gestiones. Por ejemplo, de Baltasar Alemany, como tesorero en la etapa de Ramos Costa, o de Gaspar Romero, que desempeñó el cargo con Arturo Tuzón como presidente; este último, incluso, en una junta votó en contra del presupuesto que él mismo se había visto obligado a elaborar.
No es necesario saber de arcanos ni consultar a Newton ni a Nostradamus para adivinar que el Valencia está obligado a apretarse el cinturón y que la venta de sus activos es la única salida coherente. Bueno, si el mundo se acaba en 2012, no haría falta. En ese caso se podría seguir trampeando...

(Las Provincias, 14 de noviembre de 2009)

11/11/09

Ni zorro ni león

Ayer recibí uno de esos e-mail con los que algunos amigos te inundan la bandeja de entrada del ordenador. Digo yo que deben tener pocas que hacer... Pero eso es una historia para otra ocasión. Ahora vayamos al e-mail en cuestión; un correo de esos de mucho leer. De los que siempre que los abro acabo diciéndome que no y que no; que no tengo tiempo para esas cosas, aunque termino cayendo en la red y me quedo hasta que Rick le dice a Louis lo del inicio de una bonita amistad.
Pero vayamos al e-mail, porque me disperso como ayer le ocurrió al Valencia, que finiquitó a trompicanos la eliminatoria de Copa frente al Alcoyano. Con más pena que gloria. El correo electrónico al que aludo en el párrafo anterior encierra una frase de Fedro, que viene como hecha a medida. «Cuando falta la piel del león, es preciso tomar la del zorro», escribió el fabulista romano, en evidente alusión a que ante la ausencia de fuerza, es necesario recurrir a la astucia para no terminar pidiendo la hora.
El Valencia ni fue león ni fue taimado y en el tramo final la situación provocó que por la mente de muchos desfilaran flashes de Praga, y no me refiero precisamente a las imágenes que presiden el puente de San Carlos, no.
Como no se puede hablar de segundo equipo de Unai, porque ahí estaban Marchena, Bruno, Alexis, Joaquín o Rubén Baraja (llamados a bastante más que a ocupar banquillo) habrá que decir que «los menos habituales» se despojaron demasiado pronto de la piel de león y ante un Alcoyano todo corazón, siempre decidido a dar el disgusto (que para eso el equipo de la moral) no supieron reemplazarla por la de la astucia.
Quien también se despojó ayer de la piel de león fue Florentino. El presidente del Madrid echó pie a tierra. El muy ladino, después de reventar el mercado futbolístico con una inversión superior a los 250 millones de euros, asegura que el equipo de los Cristiano, Kaká, Benzemá, Xavi y compañía, no tiene obligación alguna de ganar un título. Vale...

(Las Provincias, 11 de noviembre de 2009)

09/11/09

Vade retro, Leviatán

(Valencia Fruits, nº 2.422, 10-11-2009)

El gélido viento de mistral

El viento de mistral, también conocido en Aragón como cierzo, es un viento frío, seco y violento, que en el Mediterráneo llega desde el noroeste y a veces desde el norte. Combinado con rachas de poniente, es el que sufrimos ayer coincidiendo con la visita del Zaragoza a Mestalla.
La presencia del equipo baturro y aguerrido que dirige Marcelino García Toral entrañaba cierta inquietud a pesar de que junto al Atlético de Madrid es el más goleado de la categoría. Por eso el Zaragoza quería ser en Valencia como el mistral, que allí también le llaman viento del Moncayo. Pretendía dejar helado al anfitrión. Ganar en un campo que se le resiste desde hace 16 años.
El entrenador que estuvo llamado a sentarse en el banquillo blanquinegro intentó imponer la presión y tejer un entramado en el centro del campo que no permitiera el juego que le gusta al Valencia, que a su vez estaba más obligado que nunca por el batacazo de Praga y porque en la Liga necesitaban ofrecer la satisfacción del triunfo a sus seguidores, que sólo le habían visto ganar en la primera jornada, frente al Sevilla.
Pero fue suficiente una ráfaga de aire de levante, un pase entre líneas en busca de Juan Mata, para contrarrestar y que el internacional asturiano abriera el camino de la victoria en una jugada polémica; porque aparte de crear muchas dudas, hundió al rival y desquició el técnico que, en el descanso, cuando iba a reanudarse la segunda parte, censuró al árbitro mediocre que ya no le permitió seguir.
Para entonces otras dos ráfagas de levante ya habían puesto la puntilla. Sobraba todo lo demás, porque Villa ya había aumentado su cuenta para el Pichichi y Pablo Hernández se reivindicó más aún a escasas horas de la citación de Del Bosque. Sobró que César encajara un gol que rompió su racha de imbatibilidad, aunque el portero extremeño, en tono simpaticote, espetó que ni siquiera sabía que podía batir récords. «Lo importante es que hemos ganado, tío». Pues sí, eso es lo único que valió la pena de la gélida tarde-noche de vientos divergentes.

Carlos Marchena

(Las Provincias, 8 de noviembre de 2009)

07/11/09

Una tirita para la crisis

Tienen la cara muy dura. Si no lo digo, reviento. Estoy indignado porque el legislador se ha quedado corto. A mitad del camino. Su pretensión ha llegado tarde y resulta escasa. Ambición de timorato. Es como si hubiera tenido miedo a que su propuesta la echaran al corral... Pero, desde luego, un mínimo reproche a que se recorten los enormes beneficios fiscales de quienes más cobran, me parece, cuanto menos, de insolidarios. Lo censure el Valencia, el Real Madrid o el Cantalapiedra de Abajo.
Solamente al recordar que en nuestra sociedad se ha desbordado el desempleo y estamos rozando los cuatro millones de militantes en el INEM, me parece de granujas que haya alguien que se eche las manos a la cabeza ante la pretensión del Gobierno de modificar la 'ley Beckham', que persigue elevar a partir de 2010 la tributación de los contratos de los futbolistas extranjeros que cobran más de 600.000 euros al año, y que aumente del actual 24% al 43%.
La LFP, es decir, los clubes (que realizan los fichajes en neto) pusieron el grito en el cielo (porque les tocan el bolsillo) e insinuaron una huelga. El mundo al revés. El descontento debería haberse producido por parte de quienes están en la otra orilla, que son algunos millones más, y se sienten vejados porque con ellos se utiliza diferente vara de medir.
El grito de reivindicación y el asalto al Palacio de Invierno sería la respuesta a un proyecto que sabe a poco. A casi nada. No sólo porque haya quien pretenda frenarlo o buscar contraprestaciones, que seguro que al final las consigue. Se levanta la voz para preguntar qué va a pasar con los otros, por ejemplo, con los que cobran 590.000 euros al año. ¿Esos tendrán bula? ¡Venga ya, hombre!
Lo que ha hecho el Gobierno ha sido poner un parche a la crisis. Una tirita en la profunda y sangrante herida de la económica española. ¡No hombre no! Aquí o jugamos todos o rompemos la baraja.

(Las Provincias, 7 de noviembre de 2009)