28/9/11

Derribar y construir

El Valencia ha de derribar al gigante para poder construir su futuro. El equipo ha de mantener viva la ilusión hasta el último aliento. Hoy se juega más que la continuidad en la Champions y los euros que conlleva. Si es una obligación dar un paso al frente para no descolgarse en el torneo continental, esa iniciativa también es un ejercicio de máxima responsabilidad para pasar la página desenfocada de Sevilla y recuperar el crédito perdido.

No importa que enfrente esté el Chelsea de Anelka, Drogba, Torres, Mata, Lampard y compañía. Mejor así. La motivación va implícita, en estos casos aumenta y además, en Mestalla, es habitual cambiar del negro al blanco, obviando toda la escala de grises.

Recibo un tweet de una amiga muy valencianista que cada vez que habla del entrenador le mete caña. «Llevamos así cuatro años», se queja, indignada aún por lo de Sevilla, y alude a un «trastorno bipolar acusado». Es abogada, pero sabe de sicología. Y de fútbol. Y se refiere a los desatinos del técnico con un elocuente «Emery vs Unai».

En ocasiones le he dado la razón, porque hay planteamientos de Emery que Unai se los carga de un plumazo. Desde que llegó a Valencia ha caminado por el filo de la navaja. Ha hecho dudar a su presidente y mantiene a la afición dividida, aunque nunca se ha escuchado un colectivo «vete ya» como les ocurrió a varios de sus antecesores.

Estoy seguro de que esta vez no habrá criticas. Contra los grades es distinto. Unai se transforma (algún día convendría analizar detenidamente los porqués). De entrada ronda el convencimiento de que ni hoy va a sonar la música de Dukas ni Unai se vestirá de aprendiz de brujo. En esta adaptación no hay esperimentos ni mago Yensid y, aunque podrían aparecer las escobas, el entrenador no va a caer en los mismos errores. Contra los grandes Unai se metamorfosea.


304. (Publicado en Las Provincias, el 28 de septiembre de 2011)








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