Set ball. Aunque todavía queda por hacer, lo de ayer fue un paso adelante. Un importante paso al frente. El Valencia sigue vivo en la
Champions, que es lo fundamental, y al mismo tiempo
Unai consiguió sacudirse el tremendo agobio que supone el enfado de
Mestalla, porque durante el juego escuchó duras críticas, especialmente por la permuta de
Piatti por
Feghouli. El «¡Burro, burro!» hasta ahora parecía exclusivo hacia los colegiados.
Pero al poco, ¡zas!, que si quieres arroz, Catalina. Los goles hacen olvidar. Está claro que
Unai acertó en los cambios. Precisamente con esa
modificación y con la siguiente (Alba por
Jonas), el equipo se sacudió el agobio alemán y dejó de meter el culo en su portería para ser más ofensivo. Además del triunfo, ayer era fundamental aumentar la diferencia de goles, por un hipotético empate a puntos final, y por segunda vez en la temporada el Valencia ganó por más de un tanto de diferencia.
Pero ahora ya hay que pasar página del partido con el
Bayer y pensar en el del domingo, con el Levante. Y también en la lesión de
Ever, que tiene mala pinta, aunque hasta hoy no habrá un diagnóstico preciso. Desde luego la ausencia del argentino sería un
hándicap importante porque aparte de que atraviesa un buen momento (aunque no tan especial como dicen muchos), Parejo, su teórico relevo, sigue sin contar para el entrenador, porque ayer volvió a ser uno de los descartados.
En ese sentido
Unai camina a través de un conflicto de intereses, que año a año se acrecienta por las ventas obligadas para rebajar deuda, y porque algunos jugadores le han generado problemas de orden disciplinario y él ha tenido que hacer de tripas corazón, consciente de que a la larga las lesiones o sanciones le obligarían a echar mano de todos, como ayer de Tino Costa. A
Unai se le pueden exigir muchas cosas en el aspecto del juego, pero en ese otro sentido se llama a una puerta equivocada. Él está obligado a poner siempre a los que ofrezcan mejor rendimiento.
319 (Publicado en Las Provincias, el 2 de noviembre de 2011)