Publicado en Valencia Fruits, nº 2.629 (27 de mayo de 2014)
27/5/14
26/5/14
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11/4/14
UNA DE PRESIDENTES
El cuerpo me pedía hablar del presunto
intento de secuestro de Vicente Soriano que ha protagonizado Juan Soler, pero
enseguida desistí por respeto al humor de don Luis Berlanga. Él lo hubiera
bordado. Además, Mefistófeles, esa figura tragicómica que siempre está
cuchicheando al oído en busca de capturar almas que llevar a su jefe, me ha
estado pinchado estos días para que hurgue me pronuncie en otros asuntos y allá
voy con la actitud de Alfonso Rus, que no acabo de entender.
Resulta que con la que está cayendo –y no
hace falta recordar dónde está el PIB de la Comunidad–, al hombre no se le ha ocurrido
otra cosa que decir que quiere ser presidente del Valencia. ¡Hombre! Se trata
de un deseo que, como valenciano al que
le gusta el fútbol, resulta más que lícito. Además, se suele decir que a
cualquiera le gustaría ser alcalde de su ciudad y presidente del equipo de fútbol
de su pueblo. Pero es que, amigo, Alfonso Rus no es un valenciano cualquiera.
Este prestigioso empresario es alcalde de
Xàtiva, a la vez que presidente de la Diputación de Valencia, y también, entre
otras, de la Mancomunidad de La Costera/La Canal y del Consorcio de la Comarcas
Centrales de la Comunidad Valenciana. Además es diputado de Les Corts, líder
provincial del PP y presidente del Olímpic. No alcanza a monopolizar tantos cargos como nombres y
títulos ostenta la duquesa de Alba, pero casi.
Nadie puede dudar de que Alfonso Rus le
eche muchas horas al día para cumplir con todos los compromisos que tiene, pero
que con tanta ocupación política ahora quiera ser presidente del Valencia,
invita a una doble reflexión. La deportiva y la política. Por un lado, como el
club necesita mayor entrega que el control desde la barrera, los socios y
accionistas deberían de estar algo preocupados por si no aporta la atención
debida. Eso sí, estarían bastante menos inquietos que el resto de valencianos
por el simple hecho de que quien tiene ante sí tantísimas responsabilidades
públicas pueda siquiera restarles un sólo minuto por querer ser presidente de un
equipo de fútbol.
544 (Publicado en Las Provincias, el 11 de abril de 2014)
8/4/14
28/3/14
DIETROLOGÍA
Eso de que nada ocurre
porque sí, en Italia lo explican con una palabra que los sicilianos se inventaron
hace bastantes años: "La dietrología". Una pseudociencia que sirve para deducir y explicar
lo que parece que no tiene explicación. Es decir, trata de ofrecer luz a esos acontecimientos
que se producen de pronto, sin previo aviso, y sin una interpretación aparente.
En el mundo de fútbol se
podría echar mano de ese invento de los palermitanos para tratar de explicar un
montón de cosas que se ocultan detrás del balón. Como por ejemplo los escándalos
que recientemente hemos vivido por los supuestos favoritismos en las decisiones
arbitrales. La vieja polémica que se repite cada año y que, vinculada a los
tejemanejes de los gerifaltes que llevan las riendas de este deporte, siempre van
detrás de una circunstancia puntual en la que algún equipo se ha sentido gravemente
perjudicado porque el árbitro ha pitado un penalti que luego las repeticiones
en televisión determinaron que no debía de haber señalado, o al revés, porque dejó
de sancionar una acción que, también por reiteración de las imágenes, resulta
que sí que debió de aplicarle un castigo.
Ocurre aquí y allá, aunque
a lo mejor allá, por decirlo de una manera educada, ponen bastante más énfasis que
en otras partes y hacen mayor hincapié en la incompetencia de quien les ha
perjudicado. Es algo que se reedita temporada tras temporada y, como en la viña
del Señor, no distingue de ricos y pobres, si bien los ricos en estos casos suelen
hacer mucho más ruido, arropados por sus hordas, en algunos casos mediáticas.
Que los árbitros se
equivocan es un axioma como que algunos medios de comunicación ejercen una
tremenda presión sobre las actuaciones arbitrales. Pero para determinar que un
equipo gana o pierde la Liga, alcanza determinada clasificación o sufre el
descenso de categoría, "la dietrología" nos obliga a detenernos en el
estudio de las diferentes variables que durante la temporada concurren en cada
uno de los partidos que se disputan. Lo demás no son más que discusiones de
barra de bar.
543 (Publicado en Las Provincias, el 28 de marzo de 2014)
25/3/14
21/3/14
EQUILIBRIOS
El Valencia es un sentimiento
y eso, como dice el pasodoble del cariño verdadero, es algo que ni se compra ni
se vende porque no hay en el mundo dinero para comprar los quereres. Pero la
realidad es que el presidente Amadeo Salvo, que comulga y airea la idea de la
vieja copla, ha sido el primer artífice para promocionar la venta del club. Y como
se ha dicho hasta la saciedad, en un breve plazo –el primero de abril– el
Valencia tendrá un nuevo dueño.
Sin embargo, dado que el presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri
puntualizó ayer que no se trata de saldar la deuda, si no de mantener un proyecto
sostenible, ya no sé qué pensar porque el máximo mandatario del banco ha venido a
desvelar del Valencia lo que me pasa a mí con un bonito apartamento heredado,
en primera línea de playa, pero que carece de piscina y ascensor: que ahí
estamos, espera que te espera, a que llegue alguien con la chequera abierta y
el bolígrafo en ristre. Y eso no es fácil porque, en este caso, además, han
puesto de patitas en la calle, por filtrador, a un pretendiente que partía
entre los favoritos en el negocio. De esta forma el asunto parece que se ha complicado
algo más de lo que estaba para que Bankia, Generalitat, Valencia y Fundación se
pongan de acuerdo en la elección del nuevo propietario.
Entre tanto, el proyecto de futuro del equipo no se detiene. Sigue en
marcha porque por cordura no se puede paralizar, aunque la situación resulta ¿paradójica?
Los técnicos, y el mismo presidente, trabajan en la planificación de la nueva
temporada sin saber si ellos seguirán ahí. Desde luego nadie les garantiza que
formen parte de la idea del nuevo dueño. Han de hila fino para no dejar
herencias desagradables. Han de hacer equilibrios en la cuerda floja, porque
siempre estarán expuestos a que –aunque nunca ha sucedido y mira que ha habido
motivos para ello–, al final alguien exija responsabilidades de una forma
contundente.
542 (Publicado en Las Provincias, e 21 de marzo de 2014)
18/3/14
14/3/14
NADA CAMBIA
Viene de lejos y ni se puede centrar en el pasado ni en el presente porque, tal como está estructurado el sistema del fútbol, los errores arbitrales también son asunto de futuro. La historia se repite y, decía Darwin, ese es uno de los grandes errores de la historia. En el fútbol no hay vuelta de hoja mientras no se ponga el remedio necesario para que los desaciertos, y en ocasiones tremendos despropósitos, sean los mínimos y no se repitan.
En Mestalla, como en otros muchos campos de fútbol, se han vivido y se seguirán viviendo situaciones que ponen en entredicho al colectivo arbitral español que desde 1993 –¡21 años!– dirige Victoriano Sánchez Arminio. Los valencianistas más veteranos se acordarán de la infausta actuación de un tal Gojenuri, cuyo apellido se convirtió a mediados de los años cuarenta en el "insulto" generalizado para calificar a cualquier desacertado e incompetente colegiado, de la misma manera que en el desaparecido campo de Vallejo se utilizó el apellido Ferrete, otro que no se quedó a la zaga porque por su torpeza o consigna, en los sesenta privó del ascenso a los azulgrana.
La lista sería de torpezas es interminable. Desde el timorato portugués Campos, que impidió que el Valencia alcanzara su tercer título consecutivo de la Copa de Ferias, hasta los nefastos arbitrajes de los Sánchez Ibáñez, Sánchez Ríos, Mazorra Freire, Soriano Aladrén..., que realmente perjudicaron al club de forma notable.
Claro, cuando pasa lo que ocurrió el domingo... Los aficionados del Valencia se echaban las manos a la cabeza porque Fernández Borbalán sancionó como penalti una jugada que, vista una y otra vez, no parece que lo sea. Era un lógico malestar que contrastó con la indiferencia de quienes desviaron la mirada con el fin de no tener que aceptar el fuera de juego de Alcácer en la jugada del 1-0. Mi amigo Salva lo califica de arbitrajes de descanso, que son esos en los que durante el intermedio el colegiado hace examen de conciencia o recibe un WhatsApp y, para enmendar su error anterior, quiere compensar y comete otro. Dos errores en uno. Es el modelo oferta. Otro más del tipo de desaciertos. Pero nada cambia
541 (Publicado en Las Provincias es 14 de marzo de 2014)
11/3/14
7/3/14
PASADO Y PRESENTE
Como el Athletic está a
punto de visitar Mestalla, es lógico que se hable más de la cuenta de Ernesto
Valverde, porque aquí dejó su impronta. Un recuerdo agridulce. Grato por el trabajo
desarrollado y deslucido por las formas en la despedida. Incluso no sorprende que
por la circunstancia algunos busquen y encuentren parecidos entre él y José
Antonio Pizzi. Desde luego ambos tienen bastantes cosas en común porque -cada
uno con sus valores, virtudes y defectos- sin duda se trata de dos buenos
entrenadores.
Junto a las semejanzas también aparecen algunas divergencias entre Valverde y Pizzi, pero hay una que sobresale: El trato a los porteros. El entrenador cacereño mantuvo el criterio de las rotaciones con Alves y Guaita, y Pizzi se ha decantado por el guardameta brasileño y ha cerrado cualquier debate.
Si buscamos un punto de
referencia entre lo que hizo Valverde en el Valencia y lo que está llevando a
cabo Pizzi, no se puede pasar por alto que los dos tomaron el testigo de sus antecesores
con la necesidad de encontrar resultados y la obligación de poner en solfa un
vestuario que necesitaba una vuelta de tuerca.
Pero sin duda el
paralelismo más destacado entre Valverde y Pizzi es que los dos han dado el
protagonismo que Parejo necesitaba tras un periodo de desencanto. El Txingurri proporcionó
confianza al futbolista madrileño, y Pizzi le ha dado la continuidad que le
convertido en pieza destacada del equipo, circunstancia que por otro lado conlleva
la lectura de la preocupación porque su ausencia se nota demasiado y eso dice
que algo no se hizo bien en la planificación.Junto a las semejanzas también aparecen algunas divergencias entre Valverde y Pizzi, pero hay una que sobresale: El trato a los porteros. El entrenador cacereño mantuvo el criterio de las rotaciones con Alves y Guaita, y Pizzi se ha decantado por el guardameta brasileño y ha cerrado cualquier debate.
A la vuelta de la
esquina aparece un duelo que el Valencia debe mirar como parte de su futuro.
Aparece a demasiados puntos de lo que debería generar entusiasmo, pero hoy
Pizzi, que es el presente, le está
sacando un buen partido al grupo que hace cuatro días era un alma tan en pena
como la del mismo colectivo que supo exprimir quien ya es pasado del Valencia.
Y en eso es en lo que hay que centrarse.
(Publicado en Las Provincias, el 7 de marzo de 2014)
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